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La difteria y su vacuna

La difteria es una enfermedad grave provocada por Corynebacterium Dipfhtheriae. Se conocen 4 variedades de esta bacteria, que corresponden a cerca de 58 serotipos. No todas estas cepas son peligrosas porque la enfermedad puede surgir solo cuando se tiene la formación de una toxina en particular, que no se produce por todos los tipos de microorganismos. La toxina de hecho se da cuando las bacterias se contaminan por un fago, es decir, un virus que puede infectar a una bacteria, y, en teste caso, transportar el gen que confiere al Corynebacterium la capacidad de producir la toxina. Las bacterias de la difteria que no producen la toxina son inocuas, pueden provocar únicamente faringitis comunes.

Botulismo Clostridium Botulinum Bacteria C: Corbis/Stock Photos

Botulismo
Clostridium Botulinum Bacteria
C: Corbis/Stock Photos

El período de incubación dura entre dos y cinco días. Sucesivamente se manifiestan lesiones en la nariz (rinitis diftérica), en la laringe (anginas), en la faringe (croup). Pueden formarse seudomembranas grisáceas, con dolor en la deglución y abultamiento de los ganglios linfáticos de la garganta. La fiebre no es muy alta, pero el paciente experimenta un malestar inmenso. Cuando las placas se reparten por la laringe, provocan el peligroso croup diftérico con afonía, tos de ladrido y dificultad respiratoria creciente hasta la obstrucción mecánica. Esta forma causada por la enfermedad se llamaba anteriormente “auténtico croup”, mientra que se indican como “falso croup” otras inflamaciones de la laringe causadas por agentes patógenos diversos. La difusión en el organismo de la toxina diftérica puede causar otras complicaciones, potencialmente mortales, como la parálisis del velo del paladar o de los músculos respiratorios, la insuficiencia renal y
cardíaca, la trombocitopenia y molestias en el ritmo cardíaco por miocarditis, las alteraciones neurológicas hasta la parálisis ascendente, tipo síndrome Guillan-Barrè. La mortalidad de la difteria, en condiciones adecuadas de curas médicas, es del 2 al 10%. La terapia está constituida por la inmediata administración de antibióticos y antitoxina.

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En España la vacuna contra le difteria se usa combinada con vacunas para otras enfermedades como el tétanos o la
tos ferina. Como la vacuna antitetánica contiene una anatoxina purificada con formaldehído, y absorvida con fosfato
e hidróxido de aluminio. La vacuna no protege contra el contagio bacteriano, pero determina la formación de los anticuerpos contra la toxina diftérica, haciéndola inocua. Por esta razón se denomina vacuna toxoide.

Los datos sobre la inmunogenicidad y eficacia, como sobre la duración de la inmunidad, inducidas por la vacunación son controvertidos. Los calendarios de vacunación cambian en cada país; por otro lado, tampoco para esta vacuna existen pruebas clínicas controladas, aceptables según los criteros actuales para establecer la eficacia de la anatoxina en la prevención de la difteria. No existe ni tan siquiera la seguridad de cuál es el nivel mínimo de anticuerpos que se puedan considerar protectivos. Estudios recientes que evalúan la persistencia en el tiempo de la inmunización indican que la mitad o más de los adultos en los Estados Unidos no tienen un nivel suficiente de anatoxina para luchar contra la difteria (0,1 IU/mL). A pesar de la tasa corporal baja (índice de susceptibilidad de la infección) y a pesar de que la mayor parte de los adultos de los Estados Unidos no efectúe los recuerdos cada 10 años, la difteria es una enfermedad de incidencia ínfima en este país, incluso inferior a otras enfermedades como la peste, o el cólera. También estudios realizados en Europa han demostrado que gran parte de los adultos no tiene los niveles de antitoxina antidiftérica considerados suficientes. En España, solo el 51% de los sujetos entre 5 y 12 años, y apenas el 14% de ellos entre los 30 y los 39 años podían considerarse protegidos. En Berlín, cerca del 60%9 de los voluntarios examinados estaba protegido. En Italia se ha registrado que entre los 18 y 19 años, el 11,4% de los chicos vacunados tres veces en la primera infancia no tenía anticuerpos suficientes para evitar la enfermedad. Cada año que pasa, los anticuerpos disminuyen y después de 25-30 años el 22% de los sujetos ya no tiene protección anticorporal a nivel hemático. Un estudio efectuado sobre una muestra de jóvenes reclutas del ejército ha demostrado que el 22,9% no estaba inmunizado. Otra investigación ha demostrado que sobre una muestra de sujetos de 4 a 70 años, el 27,8% de media no tenía cobertura, con picos del 53,8% en la franja de edad entre los 31 y los 40 años. Una última investigación realizada sobre 3111 muestras de sangre de sujetos entre 0 a 84 años ha revelado que apenas estaba protegido el 59,9%14. En muchos países eurpeos, más del 95% de los niños son vacunados en el primer año de vida: los datos que hemos referido documentan la escasa persistencia de la inmunidad después de la vacunación. Un problema real para quien defiende que la difteria haya desaparecido gracias a la vacuna y para quien piensa que la cobertura de la vacunación deba ser del 90-95% de la población para evitar el recrudecimiento epidémico. ¿Cómo es que no se dan en nuestros países epidemias de difteria, si son tan numerosas las personas que no son inmunes, dada la caducidad de la acción de la vacuna?

Vacuna

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La vacuna contra la difteria se combina con otras, generalmente el tétanos y la tos ferina; de forma pentavalente contra la difteria, el tétanos, la poliomielitis e infecciones de Hib, o hexavalente con la adición del antígeno contra la hepatitis B. No está disponible la vacuna sola, ni contra el tétanos, la difteria, ni la polio para los niños pequeños. Están disponibles las vacunas con una dosis baja de anatoxina, combinadas con la antitetánica (dT), aconsejada después de los 6 años de edad. Según algunas investigaciones, las vacunas con bajas dosis son ya eficaces a partir del sexto mes de vida, como se demuestra en varios estudios de los años setenta. También otros autores han confirmado este dato: más del 90% de todos los niños vacunados con dosis bajas a partir del segundo semestre de vida poseen un espectro anticorporal suficiente contra la difteria tras 3 inyecciones. Hacen falta datos más certeros sobre las vacunas con baja dosis, efectuadas sobre un mayor número de niños, y por un período de tiempo más largo. Desde la sanidad pública deberían promover la valoración de la eficacia de las vacunas con baja dosis o solicitar la producción de vacunas monovalentes, o combinadas antidifteria-tétanos, para que también los padres no partidarios de la hexavalente tengan esta opción contra el tétanos o la difteria.

Fuente: Niños sobrevacunados, Eugenio Serravalle. Barcelona, Ediciones DeFabula, 2014.

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Esta entrada fue publicada el 12 de junio de 2015 por en Sin categoría.

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