MamasDeFabula

Un blog sobre crianza natural

Parir en una granja

Adri Mena granjaVous êtes folle -Usted está loca- Si vous voulez faire une nouvelle expérience, allez aux Pyrénées après votre accouchement -Si usted quiere tener una nueva experiencia, váyase a los Pirineos después del parto. Estas fueron las palabras de mi ginecólogo cuando le dije que quería tener a mi bebé en una maison de nassaince -casa de nacimiento-.

Después de escuchar las vivencias de amigas madres que habían dado a luz en hospitales y clínicas privadas en Suiza y Francia vecina, para mí algo estaba claro: no iría a ninguna institución que priorizara el parto medicalizado y, siempre que me lo permitieran mi salud y la del bebé, tendría a mi hijo de manera ciento por ciento natural.

Motivada por otras madres que lo habían planeado o cumplido, comencé a informarme sobre las posibilidades de tenerlo en casa. No contaba con el apoyo de mi pareja para esto, así que decidimos dar a luz en un ambiente lo más parecido a casa posible. Gracias a ellas supe también de la existencia de las casas de nacimiento en Suiza y en especial de La Grange Rouge -La Granja Roja-, en Grens, cantón de Vaud.

Un clic y ya estaba en el sitio web de la Granja. En efecto, como me había advertido mi ginecólogo, las mujeres que parían aquí lo hacían “a la manera de hace cien años”. Lejos de aterrorizarme, que era su intención, me pareció perfecto. Parir como hace cien años… Me vinieron a la mente mi bisabuela, mi abuela y mi madre, mujeres que habían procurado mi existencia. Pensé entonces que era posible dar a luz así, el conocimiento empírico lo demostraba.

Contacté a las comadronas de la asociación Cabinet 37° que funciona en La Granja Roja. Otra vez se equivocaba mi ginecólogo. No sería un parto totalmente a la antigua porque este equipo de parteras sí cuenta con material de urgencias y con la posibilidad, si hubiera alguna complicación, de transferir a la parturienta al hospital más cercano situado a dos minutos de la casa. Pero además, mi ginecólogo (quien me propuso provocar el parto por el peso de mi bebé, según él, exagerado) ignoraba algo más esencial: en La Granja Roja lo más importante es el derecho de nacer naturalmente, mamíferamente, humanamente.

El único ritmo que cuenta en la Granja es el de cada bebé y el de cada madre. Sin forzar nada. Sin desesperos, sin estrés, sin fechas de programación para provocar el parto o hacer una cesárea, sin preocupaciones porque tu bebé tiene más peso que la media nacional, sin congresos de medicina esperando por tu ginecólogo, sin apuros de navidad o noche vieja.

Sin enfermeras ni anestesistas saliendo y entrando del cuarto, sin máscaras para doparte, sin gritos de otra parturienta dándote más miedo del que ya tienes, sin tener que permanecer acostada en el momento en que el bebé asoma. Sin prohibiciones al padre que quiere estar contigo durante todo el parto, sin camillas, sin sillas de ruedas, sin cuchicheos de pasillo, sin teléfonos móviles sonando, sin epidural y con el único “sin” de SIN-TIEN-DO.

En la Granja Roja tienes derecho a sentir. La prioridad la tienen cada contracción con la que se detiene el mundo, cada posición que favorece tu trabajo de parto, cada movimiento en tu vientre del hijo por nacer. Se te permite sentir cada centímetro de dilatación, cada momento de este momento. Te sientes responsable y totalmente consciente del nacimiento de tu hijo. Te sientes respetada, escuchada, comprendida por las dos comadronas que te asisten. Te sientes, junto a tu hijo y tu pareja, actuante y principal guía de esta experiencia. Eres una mujer trayendo al mundo una nueva vida.

Además de las condiciones necesarias, en estas casas de nacimiento te sientes casi como en casa. ¡Qué lujo! Puedes crearte tu ambiente, el que te haga sentir mejor. Una parturienta confiada y relajada realiza su parto en menos tiempo. Puedes traerte tu música, tus velas, tu comida, tus libros, tus hijos mayores, tu madre, en fin, estás en plena libertad para personalizar este momento de tu vida.

En la Granja aprendí que tú decides lo que quieres y cómo lo quieres. Aprendí que puedes comer y tomar casi todo lo que te apetezca, si te apetece. Que existen tés a base de hierbas e ingredientes naturales que alivian los dolores de parto y dilatan tus músculos para un mejor pasaje del bebé al nacer. Aprendí que se puede canalizar el dolor a través de unos silbatos silentes. Que se puede dar un paseo por el jardín, subir y bajar escaleras. Que no eres una enferma postrada en una cama y que puedes colgarte, arrodillarte, y literalmente parir como si estuvieras defecando, agachada, con la señora fuerza de gravedad como tu mejor aliada.

Aprendí también que te puedes ir a tu casa después de once horas de haberte convertido en madre y que no necesitas silla de bebé en el coche si tienes una buena bandolera a mano en el momento de salir de la Granja. Aprendí que tu comadrona es una enciclopedia llena de miles de trucos para la etapa de puericultura. Ya en casa ella te enseña, por ejemplo, a utilizar las hojas de col o las conchas de caracolas para evitar la irritación de los pezones, a lavar a tu bebé en el lavamanos y no utilizar las toallitas húmedas industriales, a limpiarlo con una mezcla de agua y aceite de oliva. A preparar el famoso té de la leche con especies exóticas, a curar los primeros resfriados con gránulos homeopáticos hechos de la propia placenta del bebé y hasta a mantener tu dieta de siempre; porque al final sigues siendo tú, y tu hijo ya comía lo que a ti te daba la gana cuando eran un solo cuerpo.

Sobre todo, aprendí que lo más importante en ese momento son tú y tu hijo. Que sea en un ambiente medicalizado o no, eres y tienes una autoridad. Parir es conectarte con tu intuición, con tu ser mamífero y nadie mejor que tú misma para planificarlo y vivirlo de la manera que quieres. Que estás en todo tu derecho de decidir cómo quieres vivir este momento de tu vida y la de tu familia. Aprendí que necesitas la guía de especialistas para dar a luz, pero que la luz viene de ti y por ende eres tú la mejor guía de este momento. Aprendí que no hay nada de sobrenatural en un parto natural y que aquí seguimos y seguiremos. Lo natural es parir y nacer sea donde fuere: en un hospital, en casa, o como yo, en una Granja Roja.

Adri González

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Esta entrada fue publicada el 17 de junio de 2014 por en consumismo, contacto, familia, parto, reflexión, salud, valores.

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